Ayer me crucé con una vecina, o quizás sería más bien matizar que a quien vi fue a la hija de unos antiguos vecinos míos. Es curioso, como hacemos con estas constataciones transparentes a los niños, como si en lugar de ser entes con personalidad propia, simplemente fuesen propiedad de sus padres. La cuestión es que la niña, ya adolescente o preadolescente (dependiendo de cuándo consideremos que comienza la adolescencia, aunque en países sajones se tiene claro que el teenager lo es desde sus thirteen a nineteen, de ahí el término que los define), llamaba la atención visualmente. Sin embargo, no podemos obviar que nuestros adolescentes cada vez lo son antes, y que psicológicamente la sociedad está educando a unas personas que en parte infantiliza y por otro lado los obliga a adquirir usos y costumbres que muchos pensaríamos que no son adecuadas para sus edades.
La chica en cuestión, mi ex-vecina, tiene trece años, iba en patines con su precioso pelo recogido y llevaba los labios pintados de un rosa intenso. La chica me sonrió, me saludó y se le iluminaron los ojos a causa de mi sorpresa; lo cierto es que hacía tiempo que no la veía, y la verdad es que es una mujercita guapísima, que todavía tiene mucho que aprender, pero ciertamente guapa y ella lo sabe. Es curioso como a los padres esto nos asusta; y aunque no soy madre actualmente, me incluyo en el grupo ya que lo seré en un par de años y pienso en aquellas cosas que competerían a la educación de mis futuros hijos.
A los adultos nos preocupa esto, pero ¿qué nos asusta en realidad?, ¿que el niño o niña crezca o que adquiera consciencia de su sexualidad?. Por supuesto, el tratamiento para una niña, no es el mismo que para un niño; normalmente con las niñas nos asustamos, y con los niños lo aceptamos de otra manera, pero en muchas ocasiones también obviamos dialogar acerca de esta área de sus vidas que comienza a tomar forma. En mi caso, no soy psicóloga (todavía), sin embargo creo que a día de hoy, aunque la sexualidad sea un rasgo que parece mostrarse sin pudor en modelos semidesnudos en anuncios publicitarios, bailarines y otros profesionales que pueden requerir de la sexualidad en todas sus áreas, desde el cortejo hasta su consumación; en estos tiempos donde se consume la sexualidad como un producto más, donde hay pornografía perfectamente accesible en internet, donde los strippers no escasean ni tampoco los y las escorts, por no hablar del antiguo dilema de la prostitución (aunque duela, hay ciertos jóvenes que se pagan la carrera por estos medios, de forma voluntaria); en estos tiempos, la sexualidad sigue siendo un tabú.
La sexualidad es y siempre ha sido un tabú, lo es ahora incluso aunque el sexo y la sexualidad se hayan convertido en objetos de consumo. Pido disculpas si hasta aquí he escandalizado a alguien, ruego que si el lector es muy sensible no continúe con esta lectura.
Seguramente con todo lo que he mencionado en el párrafo anterior, muchos pensamos “no, mi niño/niña no es así, no haría eso, no…”. Lo cierto es que nuestros niños, son seres sexuados desde el minuto en el que nacen, sin embargo, no he oído a muchos padres hablar del desarrollo de este área en sus hijos, más bien he visto a muchos que riñen demasiado a un niño pequeño por “tocarse”. En lugar de optar por reacciones más positivas que no asusten al niño y no le hagan atribuir a ciertas zonas de su cuerpo una connotación peyorativa: un niño, no es un andrógino, dejemos de verlos como tal.
Gracias al trabajo de mi tesina sobre los tabús sexuales ligados a los cultos religiosos he aprendido mucho acerca de lo que es un tabú, y varía mucho de una cultura a otra y de un tiempo histórico a otro, y lo más sorprendente es que hoy seguimos tabuando la sexualidad en cierto modo. Los tabús nos asustan, a todos, sin embargo, seamos inteligentes, cuando un tabú deja de serlo pierde su morbo e incluso puede convertirse en algo muy sano. Con esto no pretendo comunicar que haya que fomentar la cantidad de información sobre este área a nuestros adolescentes, probablemente ellos tengan más información de la que nosotros teníamos a su edad, sin embargo, no saben usarla, no les hemos enseñado porque no sabemos abordar estos temas con ellos.
Me sorprende ver como se comportan los jóvenes de entre doce y dieciséis años entre ellos. Hace un mes y medio en un viaje a Malta, estaba en el Hard Rock Café un viernes noche, cuando entró todo un grupo de adolescentes entre los que veía a chicas vestidas provocativamente, pintadas con una cantidad de maquillaje que creo que ninguna mujer adulta nos pondríamos; mientras los chicos todavía conservaban ese halo de infantilidad y ellos también se están desarrollando y es posible que incluso vean pornografía a escondidas.
En mi opinión, estoy en contra de la mercantilización del sexo, pero estoy muy a favor ya no de dar exceso de información a los jóvenes, sino de enseñarles a manejarla. La edad aproximada en la que un adolescente comienza a mantener relaciones sexuales es en torno a los trece años, cuestión que a muchos nos parece prematura, pero es lo que tenemos y creo que como responsables legales debemos de aprender a educar con ello. Muchas veces comento con personas, que tienen unos cuantos años más que yo, el auge que tienen los malos tratos entre adolescentes así como el desconocimiento acerca de las enfermedades sexuales. Ellos me cuentan que los jóvenes de hoy no saben que hace solamente veinte años el consumo de heroína hizo que el SIDA tuviese un serio espolón y nosotros hoy en día no sabemos abordar estos temas con nuestros jóvenes que tienen un temprano uso de costumbres adultas mientras que manejan la información de una forma muy poco consciente.
Estoy segura de que en negro sobre blanco, toda esta llamada a la responsabilidad es muy fácil y que verse en la situación real no lo es tanto, pero forma parte de ser padres. Mi formación artística me ha conducido a explorar mucho el área de la sexualidad, de hecho, las representaciones acerca de esta faceta humana son interminables, e incluso se tratan temas muy duros en las obras artísticas, por ejemplo el abuso.
No obstante, hoy en día se está asentando una nueva profesión: el arteterapia. Resulta complejo entender este trabajo, de hecho aquí en Europa se entiende que el ateterapéuta forma parte del equipo de un psicólogo, cuando en Inglaterra o en Estados Unidos es un área profesional asentada que se explora desde los años 30. En mi opinión, creo que el arte, como medio de expresión, tanto si es arte plástico, como música, danza, o incluso realizaciones de vídeo o fotográficas, puede ser una buena forma de comunicarse y de exponer en un entorno, seguro, controlado y guiado estos temas que tanto nos preocupan y de los que tanto nos cuesta hablar.
Si tenemos en cuenta que el arte es expresión, tanto su visualización como su ejecución y sobre todo esta última pueden abrir nuevas vías de comunicación, en las que aquellas cuestiones que nos atormentan puedan canalizarse y posteriormente comentarse y racionalizarse de formas más frías y sensatas. No importa si sabes o no sabes pintar, dibujar, bailar o tocar, lo que importa es crear algo, darle forma con el método en el que te sientas más cómodo, guiado por el arteterapéuta.
“Del mismo modo, el trazo se convierte en objeto que nos liga-desliga de nosotros mismos, que nos une al otro en una interrelación de significados. Se convierte en objeto simbólico al cual investimos de contenido personal e inaugura el juego, inicio de la cultura” (LOPEZ F. CAO y MARTÍNEZ DÍEZ, 2012: p. 111)
Es curioso como en el libro Inteligencia Emocional de Daniel Goleman, se expone que unos niños que fueron testigos de un tiroteo en el recreo por parte de un alumno, canalizaron su trauma a través del juego, una actividad que consistía en que un niño era el agresor y el el resto las víctimas, y que además podía acabar de dos maneras, siendo el grupo víctimas o las víctimas peleando contra su agresor. Dicho así parece sádico, pero el juego, la fantasía y la creatividad toman un papel relevante a la hora de superar ciertos traumas, así que ¿por qué no habríamos de incorporarlo a nuestras vidas como una forma de abordar las cuestiones incómodas de nuestra cotidianidad?
Estoy segura de que este artículo deja más dudas que respuestas, y esa es mi intención, que empecemos a preguntarnos si no hay otros modos de abordar cuestiones tan delicadas como el temprano desarrollo de nuestros jóvenes.
